Arturo Brooks
La felicidad es una combinación de tres fenómenos: disfrute, satisfacción y propósito o sentido de la vida. Si tenemos esas tres cosas en equilibrio y abundancia, clasificaremos como una “persona feliz”, según las últimas investigaciones. Ahora se tienen datos de millones de personas y de lo felices que dicen ser: todos tienen en abundancia y equilibrio esas tres cosas. Ahora la pregunta es, ¿qué son esas cosas? Creemos saber lo que es el disfrute, la satisfacción y el propósito, hasta que empezamos a pensar seriamente en ello. Eso es lo que hace la gente que trabaja en la filosofía, las ciencias sociales y la neurociencia de la felicidad, todos están investigando estos conceptos. Están hablando sobre cómo hacer para que la gente tenga esa sensación de estar completamente viva, momento a momento ¿Cómo se obtiene satisfacción? ¿Cuál es la recompensa de un trabajo bien hecho, de una meta cumplida? Y lo más importante y lo más complicado de todo: ¿cómo encuentran significado y propósito en sus vidas? La felicidad requiere de estos “macronutrientes”, como los de una buena dieta ¿Qué es la comida? Proteínas, carbohidratos y grasas. Una vez que entendemos eso, podemos comenzar a construir una dieta equilibrada y nutricionalmente sostenible para ser saludables por el resto de nuestras vidas. Parece una mirada egoísta, pero es necesaria para hallar el equilibrio en tiempos como los actuales, en los que una de las cosas que nos hace infelices es la forma en cómo discutimos entre nosotros. Ya se trate de política, economía, o asuntos familiares. Nos agobian estas polémicas por cómo se expresan. Nos angustian y deprimen. Pero vale la pena poner estas cosas en perspectiva. Tendemos a pensar que en el pasado había más armonía, aunque francamente había todo tipo de polarizaciones. Esa sentencia que oímos ahora acerca de que si gana determinado candidato o candidata es el “fin de la patria”, en realidad es algo que se ha repetido durante más de un siglo. Y no sólo en Argentina, en Estados Unidos fue una constante en los años 60, a punto tal que sólo en 1968 y 1969, hubo 700 atentados políticos internos. Por no hablar de los degüellos del siglo XIX y las cabezas exhibidas en picas en las principales plazas de este país. Eso es polarización. Tendemos a mirar los días felices del pasado y, la verdad, no fueron tan buenos.










