Por Carlos Heller
El Indec publicó el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) para el mes de septiembre y, cerrado el tercer trimestre del año, se registró un ascenso interanual del 5,8%, un valor que está muy lejos del panorama recesivo que preveían ciertos pronosticadores. Todo parece indicar que el 2022 cerrará con un crecimiento superior al presupuestado (4%) y me animo a decir que podría estar cerca del 5%.
Se destaca la continuidad de la recuperación de algunos de los sectores más perjudicados por la pandemia. En particular, el sector de comercio mayorista y minorista fue el de mayor incidencia en el crecimiento interanual, seguido por la industria.
Si bien en septiembre la variación mensual en términos desestacionalizados fue levemente negativa (-0,3%), el nivel de actividad se mantiene en valores muy altos, cercanos al máximo de la serie (noviembre de 2017). Son datos que no hay que dejar de valorar, más aún en un contexto como el que atraviesa la economía global, producto de una crisis energética de una envergadura que no se registraba desde los años 70, según indicó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). A ello hay que sumarle la suba de las tasas de interés de referencia de los principales bancos centrales.
En este marco, en Estados Unidos el crecimiento económico pasaría del 1,8% en 2022 al 0,5% en 2023 y en la Eurozona del 3,3% al 0,5%, con una caída del PIB del 0,3% en Alemania, muy afectada por los cortes de suministro del gas ruso. En el caso de Brasil, pasaría del 2,8% en 2022 al 1,2% en 2023.
Si bien el conflicto bélico y la suba de tasas afectan a todo el mundo, las debilidades de balanza de pagos que se arrastraban en nuestro caso, a raíz de todo lo ocurrido durante la gestión macrista, nos sitúan en una posición distinta.
El costo de la guerra implica para nuestro país una pérdida de 5.000 millones de dólares, producto de la suba del precio de la energía, aunque también impacta el mayor costo de los fletes. En este contexto, resulta vital seguir fortaleciendo las Reservas, de forma tal de ir despejando las expectativas de devaluación, que terminan impactando en la inflación. Pero también para contar con un mayor caudal de dólares para garantizar las importaciones que el aparato productivo precisa y así evitar que la actividad se vea castigada.