Yo digo… ¿Por qué ingerir menos calorías mejora la salud?

David Bueno

La salud depende, entre otros muchos factores, de la dieta. Por eso hay dietas para todos los gustos. Hace tiempo que se habla de la restricción calórica como una dieta que permitiría mejorar el estado general de salud. Una de sus principales características es limitar la ingesta energética sin disminuir el aporte de nutrientes esenciales.
Varios experimentos realizados en roedores y personas apuntan en esta dirección, pero hasta ahora se desconocían los mecanismos fisiológicos que explicarían sus efectos. El especialista en envejecimiento Vishwa D. Dixit y sus colaboradores, de diversas universidades y centros de investigación de EE.UU., han analizado cómo afecta a la fisiología corporal una dieta basada en la restricción calórica, incluido el funcionamiento de varios genes. Los resultados, publicados en la revista Science, indican que uno de los efectos más significativos es la disminución de los procesos inflamatorios y la mejora del funcionamiento del sistema inmunitario. Sin embargo, tal y como advierten los autores, no se trata simplemente de disminuir la ingesta de calorías diarias, sino de hacerlo en el porcentaje adecuado y de mantener el resto de nutrientes y condiciones de vida a un nivel óptimo.



Regular la inflamación
Los primeros experimentos sobre el efecto de la restricción calórica en la salud son del año 1934. Dos investigadores de la Universidad de Cornell, en EE.UU., Clive McCay y Mary Crowell, observaron que cuando alimentaban ratas de laboratorio con un 40% de calorías menos de las habituales pero manteniendo el resto de nutrientes esenciales, su longevidad prácticamente se doblaba. Desde entonces, varios grupos de trabajo han reproducido estos datos, aunque con algunos resultados contradictorios.
Un par de trabajos publicados en los años 2005 y 2007 demostraron que, si bien es cierto que una dieta de restricción calórica del 40% incrementa la esperanza de vida en los ratones y ratas, la probabilidad de que algunos individuos se vean afectados por infecciones bacterianas, víricas y otros parásitos incrementa drásticamente. El motivo es que la severidad de esa restricción calórica disminuye la eficiencia de algunas funciones corporales. Destaca el sistema inmunitario, que es necesario, no sólo para detectar y eliminar posibles patógenos, sino también para integrar el metabolismo celular y favorecer la reparación de las células y los tejidos que se van dañando debido a su uso.
En este trabajo, Dixit y su grupo han estudiado durante dos años un grupo de voluntarios humanos adultos sanos que han seguido de forma muy controlada una dieta de restricción calórica del 14%. Consiste en disminuir en un 14% las calorías que de forma normal consumirían estas personas, cada una según su peso y constitución, teniendo en cuenta que siguen un estilo de vida saludable, sin consumo de sustancias tóxicas, y que practican con regularidad un deporte de intensidad moderada. Periódicamente, les realizaban controles médicos, análisis y estudios de expresión génica para garantizar que mantenían un buen estado de salud y ver cómo este régimen afectaba a sus funciones fisiológicas y genéticas.
Uno de los resultados más destacados es que la cantidad de moléculas proinflamatorias, o citoquinas inflamatorias según la terminología científica, que se encuentran en la sangre disminuye significativamente. En este sentido, se sabe que la producción crónica excesiva de citoquinas inflamatorias contribuye a la manifestación de enfermedades inflamatorias; incrementa la probabilidad de que se produzcan otras, como por ejemplo ateroesclerosis y cáncer, y acelera el proceso de envejecimiento celular.

El timo en acción
De forma paralela, otro de los resultados destacados es que esta restricción calórica incrementa la actividad del timo. La función principal de este órgano del sistema inmunitario es filtrar los linfocitos T, que son las células encargadas de destruir a los agentes infecciosos y las posibles células tumorales, lo que al mismo tiempo evita la autoinmunidad. Es decir, que también contribuyen de forma decisiva en el mantenimiento de la salud corporal. Por último, también han identificado una serie de genes, más de 350, que alteran su actividad, muchos de los cuales están implicados en el funcionamiento del sistema inmunitario, los mecanismos inflamatorios y la regulación del tejido adiposo, donde el exceso de grasas favorece a los mecanismos inflamatorios.
En resumen, este trabajo demuestra que una dieta de restricción calórica del 14% que mantenga el resto de nutrientes esenciales, personalizada según las características de cada uno y aplicada en gente que sigue por sí misma un estilo de vida saludable, mejora aún más su salud general mediante la regulación del sistema inmunitario y de los procesos inflamatorios.