Por Andrés Asiain
El expresidente Mauricio Macri presentó su nuevo libro ¿Para qué? de cara a las próximas elecciones presidenciales. En su interior puede leerse el decálogo del pensamiento de la derecha liberal argentina que propone una serie de reformas para disminuir el tamaño del Estado, la protección a la industria nacional, las políticas sociales, laborales y de seguridad social. Para avanzar en ese proceso “liberador de las fuerzas productivas” (José Alfredo Martínez de Hoz dixit) hay que vencer las “mafias”, denominación que para el miembro de la familia calabresa engloba al partido justicialista con su estructura territorial de intendentes y gobernadores, los líderes empresariales que no aceptan la defunción de sus estructuras productivas a manos de las importaciones, los dirigentes sociales y sindicales que defienden los derechos de los trabajadores de la economía informal y formal. El programa propuesto por Macri no es una novedad ya que fue ensayado sin lograr el “despegue” en tiempos de la dictadura militar. También se implantó durante la convertibilidad de Carlos Menem y, en versión moderada, por el propio Macri durante su mandato. Al respecto, Macri parece valorar positivamente la experiencia económica de la dictadura y el menemismo, pese a sus explosivos desenlaces que dejaron millares de fábricas cerradas y millones de desempleados, además de la confiscación de los depósitos de los ahorristas bancarios y un país híper endeudado con el exterior. Sin embargo, cree que se equivocó en su gobierno al abrazar el “gradualismo”. Parte de la idea de que el programa ultraliberal de Cambiemos no podía implantarse en 2015 porque la sociedad civil “no estaba madura” para aceptarlo. El kirchnerismo se había desgastado cultural y políticamente, pero la sociedad todavía valoraba sus logros económicos. Ese final sin crisis de la experiencia populista impidió un programa liberal violento, por lo que el PRO optó por una línea gradualista. Para Macri el “tiempo del gradualismo ha terminado”. El deterioro de la situación económica, especialmente en materia inflacionaria, abre las puertas para que la sociedad acepte una agenda liberal de derecha más firme. El crecimiento del movimiento libertario y de grupos filo nazis es visto como un síntoma de que la sociedad incuba el apoyo a un programa ultraliberal, aún cuando requiera la represión y persecución de políticos, dirigentes sociales y sindicales y un sector importante de la población civil. El experimento Jujuy a manos de Gerardo Morales, ya estaría maduro para expandirse al resto del país.










