Yo digo… Crecer y distribuir

Por Carlos Heller

El viernes concluyó el 58º Coloquio de IDEA, en el que participaron los líderes de las empresas más grandes del país, y resultó sugerente el lema que atravesó todo el evento: “Ceder para crecer”.
En la convocatoria se explicaba que el espíritu de lo que se buscaba debatir: “todos, pero especialmente los que ocupamos posiciones de liderazgo en los diferentes sectores, debemos estar dispuestos a ceder para que el país alcance un sendero de desarrollo sostenido. Los problemas del país (pobreza, inflación, crisis educativa, inseguridad jurídica, etc.) no se solucionan simplemente sentándonos a una mesa a conversar. Dialogar y consensuar es necesario, pero no suficiente. Administrar las pujas de intereses exige ceder”.
No deja de ser importante la mención a que con el “consenso” no alcanza, algo que he venido sosteniendo. Pero también señalo que lo esencial se juega en el campo de los “cómo”. Allí se encuentran los grandes límites, ya que todos podemos estar de acuerdo en que no haya pobreza, pero el asunto son las políticas y el rol que debe cumplir el Estado en ese proceso.
Respecto de la idea de ceder, la pregunta en realidad pasa por “quién”, ya que los trabajadores han venido resignando fuertemente su participación en el ingreso generado. Por caso, los salarios registrados del sector privado arrastran una baja importante en términos reales, principalmente ocasionada en la gestión anterior (-15,1%), mientras que durante la actual, tratando de recomponer lo perdido frente a la inflación, se han reducido en un 1,3% real. Queda claro cuáles son los sectores que deberían ahora hacer su “aporte”.
Un directivo del sector de alimentos expresó en los pasillos del coloquio que ya no tienen margen para ceder rentabilidad. Pero nadie está pidiendo que pierdan, a lo sumo que ganen un poco menos, una proposición que tampoco es fácil de lograr.



La misma idea, el mismo círculo
La Mesa de Enlace acaba de pedir por una reducción de las retenciones, la misma idea que baja desde los círculos de poder respecto de que el problema es la alta presión fiscal y el elevado gasto público.
No hay que perder de vista que Argentina está dentro de un entorno global cada vez más hostil, producto de la guerra pero también por las políticas de los países más importantes, que están acercando al mundo a una recesión con el objetivo prioritario de contener la inflación.
La directora gerenta del FMI, Kristalina Georgieva, acaba de señalar: “somos plenamente conscientes de que, no solo en Argentina, en muchos países hay una presión popular que va en contra de lo que es mejor para la gente, presión para aumentar el gasto cuando no se puede pagar y cuando alimenta la inflación”. Recordemos que no hace mucho, en plena pandemia, cuando la realidad se les venía encima, decían que era necesario gastar. Parecía que habían cambiado el discurso, pero no fue así: volvieron al discurso de siempre.

El desafío inflacionario
En septiembre se registró una inflación mensual del 6,2%, y ya van dos meses de descenso (aunque aún en valores altos). Cabe prestar atención a la formación de precios que lleva a este guarismo. Los impulsores han sido los precios estacionales (11,7%), principalmente inducidos por los alimentos y prendas de vestir y calzado. Los regulados han crecido un 4,5% y la inflación núcleo, que es la despojada de estos dos ítems que responden a dinámicas determinadas, creció un 5,5%, muy por debajo del 6,8% de agosto.
Uno de los grandes desafíos hoy es lograr que la inflación se siga reduciendo en el tiempo sin grandes costos en términos de actividad y empleo. Pero no sería adecuado ni justo reducirla si el ajuste deja a grandes sectores de la población con menos ingresos y si las empresas dejan de tener consumidores a los que venderles.
Las herramientas no pueden estar separadas de las causas que generan la inflación. Hay economistas que hacen análisis muy sofisticados de las variables pero se olvidan que detrás de los gráficos y planillas de cálculo hay personas. Tratan de explicar a la inflación como si fuera un fenómeno autónomo de los fundamentos de la economía.
Desde siempre nos han dicho que el motor de la inflación era el tipo de cambio, o que la culpa era de los aumentos de los salarios o de las tarifas, que habían subido mucho y entonces eso se trasladaba a precios. Pero ninguno de estos factores está traccionando, sino que claramente vienen por detrás.