Por David Bueno
La llegada de la adolescencia es una montaña rusa tanto para quien comienza esta nueva etapa como para la familia. ¿Qué pasa a escala emocional cuando un niño o una niña entra en la adolescencia? Genéticamente, ¿lo viven del mismo modo los dos sexos? ¿Cuáles son las emociones que más se acentúan? ¿Cuánto dura esta época?
¿Cuándo empieza la adolescencia?
No hay ninguna edad determinada, depende de cada persona. Lo que sí está claro es que la adolescencia empieza con la pubertad, un período de cambios fisiológicos asociados a la maduración del aparato reproductor y que se ha adelantado entre nueve meses y un año desde mediados del siglo pasado. ¿El motivo? La pubertad empieza cuando unos programas genéticos detectan que el cuerpo acumula suficiente energía para poder soportar todos los cambios asociados a la adolescencia, y como en las últimas décadas se come mejor, quizás no en calidad, pero sí en cantidad, este umbral mínimo de energía se logra un poco antes.
¿Qué pasa en el cerebro?
La zona del cerebro llamada amígdala, que es donde se generan las emociones, se vuelve hiperreactiva. Esto hace que los adolescentes respondan más rápidamente y con mucha más intensidad a cualquier situación emocional.
Estos altibajos que viven se producen porque las emociones son patrones de conducta que se ponen en marcha automáticamente ante una situación que requiere una respuesta inmediata. Son hiperreactivos porque se están enfrentando por primera vez a situaciones de adultos sin serlo y sin tener su experiencia; por lo tanto, en muchos casos no saben si están ante una amenaza, una oportunidad o sencillamente una situación neutra. Ante la duda activan una emoción, puesto que la parte reflexiva siempre es más lenta.
¿Cuáles emociones que se activan más?
El miedo, sobre todo ante una oportunidad o una amenaza, y la alegría. Esa alegría desmesurada que a veces muestran es porque están socializando con sus iguales, que es con los que tienen que construir la sociedad del futuro. Tienen esas explosiones de alegría para integrarse en su grupo.
¿Cuándo se tienen que preocupar los padres?
Básicamente, cuando las emociones pueden ser lesivas para los propios adolescentes y su entorno. Es normal que un día estén tristes porque hay muchas situaciones a las que responden de una manera, no les funciona y esto los afecta. Ahora bien, cuando están tristes muchos días seguidos es una señal de alarma porque puede derivar en una depresión.
Se ha detectado que los adolescentes son más osados a través de las redes que cuando se ven cara a cara, por eso el ciberacoso es tan doloroso para quien lo sufre y tan fácil para quien lo provoca. Además, escribir les dificulta la relación persona a persona, que es mucho más completa. Cuando hablás por las redes lo hacés a través de texto, cuando estás en persona ves cómo lo dice, qué gestos hace, por lo tanto, percibís muchas más cosas.
El descubrimiento de la atracción sexual
En la adolescencia se descubre qué es la atracción sexual hacia otra persona y esto les genera muchas inquietudes. La sexualidad humana es más compleja que la de cualquier especie animal porque hay tres elementos que se superponen y que influyen el uno en el otro. El primero, el órgano reproductor, si se tienen testículos u ovarios. El segundo, cómo se siente la persona y toda la escala de grises que puede haber. Se tiene que respetar cuál es el lugar donde ellos se sienten más cómodos, pero para hacerlo necesitan explorar y conocerse a sí mismos. Y el tercer elemento es por quién se sienten atraídos, y aquí las respuestas son diversas.
¿Cuándo se acaba la adolescencia?
Entre los 17 y 19 años para entrar en la etapa de juventud. Con esta edad ya se empiezan a estabilizar hacia las emociones propias de un joven, pero para gestionar toda esta parte emocional es imprescindible la parte reflexiva, que también madura durante la adolescencia. Madura biológicamente por una serie de programas genéticos, pero, además, por una interacción con el ambiente, la cultura, la sociedad, la familia y el sistema educativo. Depende también mucho de los padres, de si son más impositivos o más dialoguistas. Hay otro factor clave: los adolescentes sólo dejan de comportarse como tales cuando su entorno de adultos los valora y los reconoce como unos iguales con derechos y deberes y, aquí, a veces, los adultos fallamos.










