Yo digo… Urge transformar la educación

Por Cora Steinberg (*)

Los últimos resultados de las pruebas de aprendizajes nacionales en primaria fueron contundentes: se ha incrementado el porcentaje de chicos y chicas que no alcanzan los mínimos logros en aprendizajes troncales esperados para poder comprender un texto y resolver problemas matemáticos.
En Lengua este porcentaje se incrementó más de 19 puntos respecto a la medición anterior. Este escenario es crítico, pero más aún, la enorme brecha que hay entre los aprendizajes de los chicos de sectores vulnerables y aquellos de sectores altos: mientras que 7 de cada 10 estudiantes del nivel socioeconómico bajo tiene desempeños no satisfactorios en lengua, 2 de cada 10 se encuentra en esta situación entre los estudiantes de sectores socioeconómicos altos.
Datos relevados antes y durante la pandemia señalan las grandes barreras que operan en el acceso a los aprendizajes: factores sociales y económicos vinculados a la disponibilidad de recursos materiales, tecnologías y acompañamiento familiar impactados por la disminución de ingresos en los hogares, y también factores escolares: capacidades y recursos en las escuelas y entre los equipos de conducción y docentes para enseñar y acompañar las trayectorias educativas y la interrupción de las clases presenciales.



La antesala del abandono
Algunas políticas sociales cumplieron un rol muy importante durante la pandemia, pero también se comprobó que hubo un crecimiento en la pobreza y la indigencia que fue muy significativo.
Se identificó una capacidad importante del sistema de sostener la continuidad educativa en condiciones excepcionales, porque lo que pasó en 2020 y 2021 fue una situación de emergencia, no una educación a distancia planificada. Los datos muestran que en más del 95% de los hogares, las chicas y los chicos continuaron vinculados a las escuelas. Esto es un logro que evidencia el esfuerzo de las y los docentes, no docentes, directivos y las gestiones educativas en todo el país. Pero la evidencia también muestra que chicos y chicas de contextos marginalizados o zonas con baja conectividad, como las rurales, no lograron continuar actividades pedagógicas con frecuencia significativa. Se estima que 1 millón de chicas y chicos no logró continuar. Esta es la antesala del abandono escolar.
Mucho se puede hacer desde el sector para reducir estas brechas. Fortalecer al sistema educativo y a las escuelas y sus equipos es un factor clave para mitigar las desigualdades sociales y económicas.
Los datos de prepandemia muestran que, desde la primera infancia, la asistencia a un servicio de educación o cuidado es un factor diferencial para asegurar el desarrollo integral de niños y niñas; y entre los adolescentes, contrario a los que muchos piensen, se identifica también que son los factores escolares (modelos de enseñanza y evaluación, sus regulaciones, extensión de la jornada, contenidos y recursos) aquellos que tienen más peso en la interrupción de sus trayectorias educativas, más que los factores sociales o económicos (Unicef-MICS, 2022).

Acelerar la transformación
Las encuestas nacionales mostraron que la mitad de las y los docentes no tenía las herramientas y saberes para trabajar en modelos híbridos y, muchos de ellos, falta de acceso a la conectividad o equipamiento tecnológico, al igual que la mitad de los hogares que no cuenta con una computadora en su hogar. La interrupción de la presencialidad impactó fuertemente también en la situación emocional de los chicos y chicas, un tema que debe ser parte de la agenda presente y futura.
Desde Unicef impulsamos el trabajo en red entre las escuelas. Cuando las escuelas arman redes y comunidades de aprendizaje y trabajan de manera conjunta, hay avances muy significativos.
Hoy, con niveles de pobreza infantil alarmantes que alcanzan a millones de niños y niñas, el sector educativo debe acelerar la transformación de sus procesos.
Las claves para hacerlo: colocar a la recuperación educativa en lo más alto de la agenda pública; buscar activamente a los niños y niñas que están fuera de la escuela; recuperar los aprendizajes troncales en lengua y matemáticas, apoyar su desarrollo integral y bienestar socioemocional; y valorar, apoyar y formar a las y los directivos y docentes.
Para que todo esto ocurra es fundamental proteger la inversión educativa necesaria y profundizar estrategias de transformación de la educación a gran escala basadas en un pacto social de mediano y largo plazo. Hay una gran deuda con las infancias y adolescencias, y la educación debe ser la máxima prioridad entre las políticas de desarrollo hoy y en los próximos 10 años, para que ningún niño ni niña quede atrás.

(*) Especialista en Educación de UNICEF Argentina.