Mala madre

Por Ana Hernández

La conversación social de esta semana giró alrededor del ejercicio materno de una actriz. La tilinguería del show business como denomina Beatriz Sarlo a la industria del entretenimiento tiene la virtud de instalar temas, le decimos la conversación social que hoy se refleja en las redes sociales.
Mala madre es el discurso implícito. Deberíamos saber, en primer lugar, que es ser una buena madre. Hay un documental argento-uruguayo que menciona el tema; sobre todo con el énfasis en el mandato social. Se explora en Mala madre un punto ciego, un bache, un tema cuyo abordaje halla resistencias. El tema es la maternidad como dificultad, como forma de violencia, como negación, como duda o mandato.
El mandato de ser una buena madre. Una buena madre es la que abandona todo por su hijo/a, que posterga todo, y que jamás se siente harta ni con ganas de mandar todo a la mierda, aunque se rompa el lavarropas y laves a mano, el antibiótico tocaba a las 4 am, aunque tengas dos que amamantar cada 45 minutos. La maternidad es uno de los ejes principales de sujeción de las mujeres, quienes en varios casos se ven obligadas a cumplir con esta función como un mandato que no merece ser repensado ya que están destinadas biológicamente para ello.
El sostenimiento del mito niega a las mujeres la posibilidad de generar una identidad por fuera de la función materna. En este sentido desde ciertos puntos culturales se reflexiona sobre el papel de las mujeres en la sociedad, así como sobre la maternidad ineludible, el mito del instinto materno, entre otras cosas.
Las madres pareciesen ser responsables del futuro de la humanidad, de ellas depende la salud; la enfermedad de sus hijos, como también su felicidad. Las prácticas en torno a las maternidades demuestran que existen diversas formas de ser madre, que su ejercicio no es homogéneo y que asimismo están quienes no desean tener hijos. Estas mujeres serán condenadas de una u otra forma, como también lo serán aquellas que no cumplen con una buena maternidad.
La madre representa una figura omnipotente en nuestra cultura, diferentes discursos se encargan de nutrir esta noción, creando mujeres – madres poderosas, pero a la vez vulnerables. Para comprender esta temática debemos o proponernos otra una perspectiva, que interpela al sistema patriarcal, al control social, al pensamiento dominante, considerando la historia de las mujeres, así como sus voces, sus encantos y desencantos.



Tener un hijo es morir un poco:
Así dice el escritor y psicoanalista Luciano Lutereau: “Hoy en día se habla mucho de la maternidad. No obstante, creo que pocos llegan a decir lo arduo de ese pasaje para una mujer. En particular, de las fantasías que muchas veces aparecen, una recurrente es la de morir (en el embarazo, en el parto, en los primeros años del hijo, etcétera) como si la maternidad inscribiera algo de la propia muerte. Nunca leí un libro de los que ahora se escriben sobre lo materno que toqué este punto.” En efecto, tener un hijo es morir un poco. Es abandonar la omnipotencia de la vida juvenil. El joven no teme la muerte, salvo la de los padres. Y ocurre que muchas mujeres, al quedar embarazadas, ya no fantasean con que los padres mueran (lo que no quiere decir que este temor desaparezca). Por lo tanto, al quedar embarazadas, cometieron la fantasía parricida.
El temor a la propia muerte es, por un lado, cancelación de la omnipotencia juvenil, pero también efecto de la culpa por el parricidio. Con el tiempo, la fantasía de la propia muerte se transforma en la fantasía de la muerte del hijo”.
Poco se escribe sobre las emociones de las personas gestantes, pero sobre todo de los miedos recurrentes. Desde el momento de la gestación en adelante ya nunca más, nunca más se duerme una noche entera.

La maternidad en otras culturas:
En la tribu Swahili, la pareja duerme en habitaciones separadas durante cuarenta días después del parto. Desde el momento del parto, la madre está rodeada de mujeres, y la figura del hombre desaparece durante las primeras semanas de maternidad. Por su parte, en la tribu Masái, todas las mujeres de la aldea asisten al parto, mientras que los hombres esperan en la casa de la madre materna. Los siguientes dos meses, la madre es asistida por el resto de mujeres masái, las cuales realizarán por ella sus tareas y responsabilidades.
Las figuras y los roles son ejercicios que se construyen en forma constante con conflictos y contradicciones, pero lo que debe estar presente para su constitución es el deseo.