Por Andrés Asiain
Los monetaristas han logrado difundir la idea de que la inflación es por la emisión monetaria excesiva. Sin embargo, el pensamiento estructuralista latinoamericano, luego de analizar casos de inflación persistentes como el de Argentina, llegó a una conclusión opuesta.
En economías donde las subas de precios tienen causas no monetarias, la inflación es la que induce la emisión monetaria. Bajo el nombre de dinero pasivo o endógeno explican cómo el alza de los precios presiona para que la cantidad de dinero se expanda proporcionalmente. Así, las operaciones de compraventa pueden continuar realizándose, dado que la cantidad de dinero se acomoda al mayor valor que presentan las transacciones en una economía inflacionaria.
Uno de los mecanismos de creación de dinero es el financiamiento del Banco Central al Tesoro Nacional para cubrir el déficit fiscal. Cuando el gasto supera a la recaudación, el déficit se puede financiar emitiendo bonos de deuda pública. Estos se pueden colocar en el mercado internacional, generando deuda pública externa, o en el mercado local, denominada deuda interna. Una tercera alternativa es que esos bonos los compre el Banco Central, emitiendo moneda para ello. De esa manera, se inyecta dinero en la economía por la vía del financiamiento del déficit presupuestario del Estado. Esa fuente de creación monetaria es la que predomina en la Argentina en el presente.
La inflación puede inducir una mayor emisión del Banco Central al déficit público. La meta de emisión acordada con el FMI para este año equivale al 1% del PIB, unos $707.8000 millones, Pero era sobre una inflación estimada del 43% anual. Si los precios suben 65% en lugar del 43%, aumentaría tanto el monto nominal de los gastos como el de la recaudación. Asumiendo que ambas variables suben en forma proporcional con los nuevos niveles de precios, financiar el 1% del PIB requiere una emisión adicional de $362.000 millones. Si Guzmán y el FMI hubieran conocido la teoría estructuralista del dinero pasivo habrían establecido la meta de emisión en porcentaje del PIB en lugar de en valor nominal, evitando tener que solicitar un waiver (perdón) por su incumplimiento al acelerarse la inflación por motivos no monetarios.
La inflación incrementa el monto nominal del déficit y obliga a emitir para financiarlo. Si un monetarista se negara a financiarlo, generaría una crisis de financiamiento del Estado y una retracción de la actividad económica, mientras la inflación continuaría su paso indiferente a sus inadecuadas doctrinas.










