Salud… Médicos y pacientes

Nancy Bitenberg (*)

Mucho se ha escrito sobre la relación médico-paciente, señalando que ésta es de tipo temporal, cuando se está presente, y atemporal cuando continúa bajo una serie de arreglos para tratamiento, procurando siempre el bienestar físico y mental de la persona. Según la ética, conlleva una responsabilidad compartida: el médico tiene responsabilidad con el paciente y consigo mismo; en tanto el paciente tiene responsabilidades con el médico y consigo mismo.
Llegar temprano, ser atendido a tiempo, que la entrevista dure lo justo y necesario, sin presiones ni interrupciones de ningún tipo, entablar un diálogo positivo, etc, son algunas condiciones que deben primar en la consulta. Generar un entorno para que el paciente relate sin miedo y sinvergüenza sus inconvenientes, constituyen un derecho del paciente y una obligación por parte del médico. Luego vendrán los estudios complementarios. Lo ideal, siempre, es revisar al paciente para luego decidir qué es lo que continúa. El paciente tiene la libertad de sugerir, pero aquí está el quid de la cuestión… ¿Quién decide? Pues, tres actores fundamentales: el paciente, el médico y la familia.
Todos ellos pueden decidir. Pero el paciente es quien tiene la última palabra (quedan exceptuadas las situaciones de urgencia o cuando existe una realidad imposibilidad para que se exprese). En algunas circunstancias, cuando hay riesgo de vida inminente, el médico tiene la autoridad y la obligación de actuar, siguiendo, desde luego, todos los criterios profesionales de acuerdo a la base científica que lo avala y respalda para intervenir.
Ahora bien, hay una responsabilidad de la que poco se habla y es que los tratamientos deben cumplirse, no ser abandonados.
Se debe volver a consultar en tiempo y forma, avisar al médico cuando algo nos produce efecto adverso, etc. Hablar con el médico cuando no estamos de acuerdo, plantear con respeto las diferencias, es humano y saludable. El médico está capacitado para comprender cualquier reclamo o punto de vista. Mientras estas premisas se puedan llevar a cabo, favorecerán el bienestar y el equilibrio salud-enfermedad del paciente. Esto es válido para todo el equipo de salud y significa un cambio del modelo médico hegemónico de antaño, en el que el paciente era visto en un sentido biologicista, ahistórico, asocial e individualista. Representa una evolución respecto de la eficacia pragmática (práctica curativa que dependía exclusivamente del discurso del médico) que se debe fortalecer.



(*) Médica General y Familiar, Geriatría. MP 9860. Preguntas y sugerencias para esta sección: (whatsapp) 3442 45-4077