SUCEDIÓ EN NUESTRA CIUDAD. La Revolución “Libertadora” de 1955 (Parte III)

En la madrugada del 16 de septiembre parte del Ejército, la Marina de Guerra y sectores de la Fuerza Aérea se sublevaron, abriendo un frente de lucha cuyo objetivo era la caída del gobierno constitucional del General Perón.

Por Orlando C. Busiello (*)



Los focos revolucionarios se iniciaron en Córdoba y Bahía Blanca, comandados por el General Eduardo Lonardi y el Almirante Isaac Rojas.
La renuncia de Perón y su partida al exterior, fue para la gran mayoría, según la marcha de los acontecimientos, un hecho tan sorpresivo como inesperado.

Acordados los términos del cese del fuego, y triunfante la “Revolución Libertadora”, uno a uno los cuerpos militares de las tres armas fueron aceptando el nuevo orden implantado en el país y a recibir directivas de las nuevas autoridades surgidas del golpe militar.

En Concepción del Uruguay, el jefe de la Escuela de Ingenieros y de la guarnición local, junto con su plana mayor que habían seguido sin involucrarse, pero expectantes la marcha de los sucesos, decidieron ante los hechos consumados adherirse a la revolución el día 21 de septiembre.

En su edición del día 22 de septiembre, LA CALLE ratificó la información que el día anterior se había dado a conocer a la comunidad mediante una proclama del director de la Escuela de Ingenieros y Jefe de la guarnición local; Coronel, José Alberto Galli.

Dicha proclama había sido emitida pasada las 7:00hs de la mañana por la radio local LT11. La emisora interrumpió la cadena que mantenía en forma permanente con LRA Radio del Estado, para que fuera leída por sus micrófonos.

El texto de la misma fue el siguiente:

1) Las fuerzas militares no existiendo autoridades legítimamente constituida, y solidarizándose con el resto de las Fuerzas Armadas se pliega al movimiento revolucionario nacional.

2) Todas las Fuerzas Armadas del país: Marina, Aeronáutica y Ejército son revolucionarias. Esta posición de la Escuela de Ingenieros y del Ejército está inspirada en el siguiente propósito: evitar mayor derramamiento de sangre y obtener la mas pronta y sana pacificación, lograr una verdadera hermandad sin odios ni venganzas que una a todos los ciudadanos y habitantes de bien. No va contra el pueblo y sus intereses cuya felicidad desea, es la patria misma que no debe ni puede destruirse. Eso procura todo el Ejército todas las Fuerzas Armadas se unen, Concepción del Uruguay debe mantener el mayor respeto contra las personas y bienes, y continuar trabajando en forma normal”.

Pena de muerte en la ciudad

La Proclama Nº1, del director de la Escuela de Ingenieros, puso en conocimiento de la comunidad que las fuerzas bajo su mando se habían plegado a la revolución, fundamentando dicho proceder. Le siguió a media mañana la Proclama Nº2, también suscripta por el Coronel, José Alberto Galli, que se repitió por LT11 a lo largo del día. En este segundo documento, de manera imperativa, el Coronel Galli advirtió a la población sobre las pautas que debía guardar tendientes a mantener la paz y el orden dentro de la ciudad. La misma constaba de seis puntos, a saber:

1) Continuar desarrollando su trabajo en forma normal.

2) Evitar agravios o manifestaciones de cualquier carácter que puedan ir contra las aspiraciones de pacificación y real hermandad.

3) No efectuar reuniones o actos públicos de ninguna índole.

4) No circular salvo en los medios de transporte público en un número superior a dos personas de más de 13 años.

5) Llevar en la vía pública los documentos de identidad correspondientes.

6) No embanderar edificios.

Concluía la proclama con una dura advertencia, que trataba de desalentar aquellos espíritus más exaltados:

“Asimismo será castigada severamente toda persona que de una u otra forma cometa o coopere en la comisión de alguna de las siguientes faltas: actos de sabotaje; impresión de panfletos; transmisión de rumores, ya sean estos verbales o escritos; portación de armas. Quien cometa agresión armada será castigado con la pena de muerte la que será ejecutada de inmediato”.

Como podemos observar, la última parte del comunicado del Coronel Galli, era terminante e intimidatoria. Gracias a Dios, no hubo necesidad de apelar a este último recurso.

Sin embargo, sería muy difícil como veremos más adelante, contener la euforia de un vasto sector de la población del país que se vio agraviada, humillada, avasallados sus derechos, y cercenada su libertad durante aquellos años de gobierno peronista. No es menos cierto también que, hubo grupos exacerbados antiperonistas, deseosos de revanchismo y venganza, que vieron la oportunidad para dar rienda suelta a sus instintos.

Nuestra ciudad no estuvo exenta de lo que señalamos. Por tal motivo cuando la victoria de la revolución estuvo asegurada, se soltaron amarras y comenzaron las exteriorizaciones de júbilo, en un primer momento medido y mesurado…

LA CALLE lo reflejó de la siguiente manera:

“De inmediato manifestaciones inequívocas de la forma que el público recibía el desenlace de los acontecimientos, en el centro de la ciudad grupos de damas se entregaron a la tarea de repartir a los transeúntes escarapelas argentinas que colocaban en sus solapas mientras que grupos de ciudadanos se formaban en todas partes para comentar animadamente los hechos. No hubo por otro lado manifestaciones públicas de otra índole desde que rigen las disposiciones adoptadas por las autoridades militares que lo impidieron. Muchos vecinos de la zona céntrica de la ciudad procedieron en horas de la mañana a embanderar sus edificios, pero posteriormente y a instancias de las autoridades militares, debieron proceder a retirar las banderas pues se pusieron en vigor las disposiciones que da cuenta el Comunicado Nº2 del Jefe de la Guarnición Militar”.

La jactancia de los intolerantes

Señalamos previamente que, en un principio, las demostraciones de alegría por el triunfo revolucionario no mostraron entonces actitudes despreciables o violentas. Sin embargo, el 22 de septiembre una “ola” humana pocas veces vista salió a manifestarse. Las expresiones de beneplácito y los cánticos alusivos al momento histórico, se mezclaron rápidamente con hechos censurables, actuando en consonancia con actitudes similares que, el fanatismo y la soberbia de los ahora derrotados tuvieron oportunamente con quienes no comulgaban con la doctrina peronista.

Señor Héctor Chapelet, Intendente de Concepción del Uruguay en 1955.