Economía. Espiral

Se nos dice que los sueldos de los trabajadores no pueden actualizarse más allá del 45% porque el incremento salarial alimenta la inflación, en una espiral ascendente. No hace falta ser un experto para advertir que la alta inflación no puede atribuirse a perturbaciones recientes, sino que se ha estado gestando durante años.
Esto se debe en parte a que hemos ido muy lejos al convertir bienes y servicios esenciales en activos financieros. La electricidad, el gas, los combustibles, el transporte… ¡y los alimentos! Son cosas de las que la gente no puede prescindir. Poseer estos activos es una forma fácil y segura de obtener grandes rentas haciendo muy poco. Al poner los medios necesarios para una vida decente en manos de empresarios avarientos y compañías cuya única preocupación es maximizar sus ganancias, hemos construido una economía que infla sistemáticamente los costos para los consumidores al mismo tiempo que reduce los salarios.
El ejemplo más obvio son los alimentos, pero también ocurre con la vivienda. Esto deja a un número cada vez mayor de familias atrapadas en la agonía de gastar el 45% de sus ingresos en alquilar.
La “espiral de salarios y precios” es la idea amada por los economistas y “periodistas especializados” de la televisión.
Dicen algo así como que los intereses de los trabajadores y los consumidores son un vaivén: para que uno gane, el otro debe perder. Pero su razonamiento ignora al tercer actor de la ecuación: los propietarios. Las empresas monopólicas son el único grupo que realmente tiene el poder de fijar tanto los salarios como los precios. De hecho, se les fue entregando vía desregulaciones ese poder, al mismo tiempo que se hostilizaba, perseguía y desprestigiaba al movimiento sindical.
Las empresas que ahora experimentan subas en los costos de sus insumos tienen el poder de decidir quién recibe el golpe: ¿se lo trasladan a los clientes al aumentar los precios, o a sus accionistas al reducir los márgenes?
El peligro real no es una “espiral de salarios y precios”, sino una “espiral de ganancias y precios”. El relato sobre la inflación ofrece una conveniente cortina de humo para aumentar los márgenes empresarios. Cómo será que hasta los “agitadores socialistas” de Morgan Stanley acaban de afirmar: “Son las ganancias las que deben reducirse para absorber el dolor de la inflación, compensando décadas en las que el capital ha aumentado su participación a expensas de trabajadores y consumidores por igual”.