Ariel Vercelli
En general, la robótica siempre provoca un interés genuino. Desde las primeras máquinas con rasgos humanos hasta las soñadas en la ciencia ficción, el ser humano se maravilla ante el potencial de una tecnología cada vez más autónoma. Tras años de desarrollo y una omnipresencia creciente, ese potencial ya está probado en los laboratorios y listo para saltar a la industria y a la sociedad. Desde un bar hasta Marte pasando por tu lugar de trabajo, el futuro de la robótica ya es presente. Ya en 2014, los robots ágiles fueron una de las tecnologías emergentes destacadas por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, con máquinas concebidas para alcanzar altos grados de equilibrio y agilidad, o los bípedos de Boston Dynamics, que pueden avanzar entre la nieve por la selva o empleando herramientas con sus «manos». Pero, ¿qué pueden aportar como fuerza de trabajo? Para responder a esta pregunta, el gigante tecnológico IBM y Bosto Dynamics buscan pulir las necesidades de la industria, en particular con su robot Spot, que recuerda a un perro. Llevan años trabajando en esos cuadrúpedos y ahora están enfocados en cómo aplicarlos a casos de negocio. Desde construcción a mantenimiento de la industria, hasta gestión de alimentos o supervisión de centrales de energía; las posibilidades parecen ser infinitas. Con inteligencia artificial (IA), los robots móviles cuadrúpedos son capaces de realizar tareas complejas: tienen lo que llaman “inteligencia atlética”. A través de cinco cámaras, el robot construye un punto de posicionamiento. Si va hacia delante, también sabe lo que hay detrás y a los lados, lo que le permite operar en el ambiente de manera más eficiente. Su forma parecida a un animal no es casual, responde a la funcionalidad de los entornos laborales. Se necesitan cuatro patas porque en los espacios donde la gente trabaja hay escaleras, puertas, terrenos irregulares y espacios reducidos. El siguiente paso es que el robot no sólo sea capaz de interpretar lo que ve, sino de incorporar otros sentidos, como el oído o el tacto, a través de nuevos sensores y analíticas. La pregunta del millón: ¿es peligroso que los robots «sientan» y hay riesgo de que nos reemplacen? Sus creadores aseguran que “reemplazarnos, no; sustituir tareas tediosas o peligrosas, sí». De acuerdo a lo que pudimos ver este mes en el Mobile World Congress de Barcelona, todos los robots son autónomos, pero no autosuficientes. Por ahora.










