Hojas Sueltas. Famas y políticas

Por Sergio A. Rossi

“yo he conocido cantores
con famas bien otenidas …”
(M. Fierro)



He visto diversas críticas a que Carolina Losada (Cambiemos – Santa Fe), Miguel Tessandori (Alianza Mejor – Rosario) y otros periodistas sean candidatos. Como en los casos de Carlos Lole Reutemann, Ramón Palito Ortega o Daniel Scioli, deportistas famosos devenidos en dirigentes políticos; o los de Miguel Del Sel, Nito Artaza y Florencia Peña, artistas, el problema no es su profesión.
Si es por volcarse de otro lado y empezar de viejos en política, eso hubiera invalidado a Juan Domingo Perón, que «comenzó» a los 48 años (alguien podrá decir que hizo política un tiempito antes, como uno de los impulsores de la logia GOU). Si lo que se critica es ser artista, esa crítica le cupo a Eva Duarte, denostada por la cerrazón gorila como una actriz mediocre y arribista.
Hay muchos ejemplos, con cineastas, médicos o periodistas. Tampoco es una originalidad argentina, de Ronald Reagan a Donald Trump, de Silvio Berlusconi a Cicciolina. El problema no está en que gente que adquirió fama o conocimiento en su actividad se vuelque a la política; el problema es que los mecanismos de difusión, comunicación masiva y construcción de prestigio no son democráticos. Se apela a aquéllos a falta de dirigentes o militantes conocidos masivamente. En una sociedad moderna, de millones de gentes por electorado, conocer al eventual representante es más arduo que en la ciudad griega o en la aldea primitiva, donde todos se conocían y donde, además, solamente participaban minorías.
El problema es que los conglomerados de empresas de medios no difunden la tarea de militantes y dirigentes políticos. Y no lo hacen a propósito, para poder condicionar, negociar, extorsionar.
Por el contrario, buscan desprestigiar la actividad política, porque dirigentes debilitados tienen menos margen para no acatar sus dictados.
Es raro encontrar un periodista deportivo que hable mal del deporte, es poco frecuente encontrar un periodista de espectáculos o de cultura que diga que los espectáculos son inútiles o que la cultura una tontería. Sin embargo, escuchamos frecuentemente periodistas políticos que dicen que la política es corrupción, egoísmo, ambición, falsedad, impostura, que es un gasto inútil y una actividad inconducente.
O necesitan un psiquiatra o lo hacen a sabiendas, con mala fe. Quizás haciendo política para algunos que buscan decidir solos y en lo oscuro.