Yo digo… Es la economía forever

Por Nicolás Sotomayor

La aprobación o no del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en el Congreso es el tema principal en la Argentina. En paralelo repercute a diario todo lo que sucede en torno a la Guerra en Ucrania. Por ahora —sólo por ahora— ambos son partes de la agenda mediática y ninguna tapa del periódico o de cualquier portal digital de noticias los dejaría de lado entre sus principales títulos de la jornada.
Pese a la saturación de problemas propios, varias veces ese tema de agenda, al menos fogoneado desde los medios hegemónicos, fue la situación de Venezuela. De Hugo Chávez a Nicolás Maduro. En tiempos de Cristina Fernández de Kirchner, de Mauricio Macri o hace poco del propio Alberto Fernández. Apenas un interés superficial a la situación de los venezolanos —en medio de una profunda e irrebatible crisis económica—, pero el meollo de la cuestión por estos lares siempre resulta tomar posición ideológica. ¿Qué opina CFK sobre Venezuela? ¿Y de Maduro? ¿Por qué algunos dirigentes argentinos no apoyan la legitimidad de Juan Guaidó? ¿Por qué no se manifiestan en contra del Régimen? ¿Acaso somos Argenzuela?
La cuestión Venezuela pasa de largo y tal vez regrese para otra ocasión necesaria en el ámbito doméstico. Infobae publicará ocasionalmente alguna nota que diga “Régimen de Maduro” en el título, aunque más para cumplir con su línea editorial latinoamericana o quizá con la Embajada estadounidense; el tema no tendrá el mismo peso mientras no suceda algo extraordinario o entretanto nadie transforme aquel problema exótico en política e ideología nacional. Todo tipo de leña servirá para mantener la llama de la grieta.
Una escena en términos futboleros: mientras que periodistas militantes, periodistas independientes, editorialistas compulsivos, oportunistas, panelistas, políticos de larga trayectoria, políticos de vuelo raso, políticos con asientos VIP en canales de noticias, artistas opinólogos, oyentes de AM, usuarios de Twitter, muristas de Facebook, y tantos otros, se enroscan en tomar posición a un tema ideológico ajeno, aparece el lineman estadounidense y todos los que atacaban (pongámosle que atacaban en pos a la república y contra la meta del autoritarismo) quedan en orsai.
El partido entra en una pausa, los protagonistas se miran perplejos, el árbitro no sabe cómo continuar la jugada, aplasta el dedo índice en el auricular de una oreja, recibe un mensaje “de arriba” y al instante lo suspende. Todo queda en manos del Tribunal de Disciplina, que dictamina que ese pleito se da por finalizado. No suma para el promedio. Queda en la nada como aquel torneo pre-pandemia. En el comunicado dice que ese Campeonato Ideológico es interesante, pero que en realidad los verdaderos porotos se suman en el Campeonato Económico.
“La economía, estúpido”, fue el famoso slogan de Bill Clinton para arremeter contra los republicanos de George Bush. La economía, que mueve al mundo y atraviesa todas las facetas, precisa estabilizarse después de que Rusia haya entrado en guerra. El petróleo aún es una fuente vital del capitalismo y Venezuela posee las mayores reservas globales sin explotar.
Entonces, sin que les pidan explicaciones ideológicas, funcionarios estadounidenses, del Senado y la Casa Blanca, se reunieron en Caracas con el presidente venezolano —que no es Guaidó, pese a que en su momento algunos referentes nacionales pisaron el palito—. Después de nueve años de estancamiento bilateral, al final pareciera que Maduro no es dictador ni del eje del mal. O quizá lo sea, pero ahora no importa. En medio de la grieta argentina, desconcertados en el patio trasero, se vuelve a oír una voz lejana en modo loop que dice “the economy, stupid… forever”.