Yo digo… Satisfacción (Parte I)

El secreto de la satisfacción no tiene nada que ver con los logros, el dinero o esas cosas.

Por Arturo Brooks



Miré de pasada el interior de la habitación de mi hija adolescente una tarde en medio de la pandemia del año pasado. Esperaba encontrarla mirando distraídamente la pantalla de Zoom mientras asistía de manera remota a alguna clase de su escuela secundaria, en cambio, se estaba riendo a carcajadas de un video que había encontrado. Le pregunté qué estaba mirando. “Es un anciano bailando como un pollo y cantando”, me dijo entre risas.
Me acerqué a su notebook, no era alguien haciendo el ridículo por 15 segundos de fama en las redes sociales. Lo que encontré en su lugar fue la estrella de rock septuagenaria Mick Jagger, en un concierto bastante reciente, cantando el megaéxito de los Rolling Stones «(I Can’t Get No) Satisfaction» (No puedo obtener ninguna satisfacción), una canción que se convirtió en un éxito y ocupó el primer lugar de las listas cuando yo tenía un año.
«¿Esto es en serio?» me preguntó mi hija. «¿A la gente de tu edad realmente le gusta esto?» Casi que me ofendí, pero tuve que admitir que era una pregunta legítima. “Algo así”, respondí. No es sólo la música, o la interpretación de Jagger, lo que nos gusta, le aseguré.
En mi opinión, la longevidad de esa canción en particular N°2 en la lista original de la revista Rolling Stone de las “ 500 mejores canciones de todos los tiempos ”, tiene mucho que ver con una verdad profunda que habla.
A medida que avanzamos por la vida, le dije la satisfacción, la alegría del cumplimiento de nuestros deseos o expectativas, es evanescente. No importa lo que logremos, veamos, compremos o hagamos, parece que se nos escapa de las manos.
Me oyó con atención y seguí: La satisfacción, es la mayor paradoja de la vida humana. La anhelamos, creemos que podemos obtenerla, la vislumbramos y tal vez incluso la experimentamos por un breve momento, y luego se desvanece. Pero nunca nos damos por vencidos en nuestra búsqueda para conseguirla y aferrarnos a ella, le expliqué.
“Lo intento, lo intento, lo intento, lo intento”, canta Jagger. ¿Cómo? A través del sexo y el consumismo, según la canción. Construyendo una vida cada vez más barroca, cara y cargada de mierda. “Ya verás”, le dije.
La alegría de mi hija se había extinguido. «¿Entonces la vida es sólo una carrera de hamsters y estamos condenados a una existencia de insatisfacción? –preguntó-. Es un asco».

Sólo 14 días de mi vida
Incluso las personas más exitosas sufren el problema de la insatisfacción. Recuerdo haber visto una vez a LeBron James, el mejor jugador de básquet del mundo, con una mirada de profunda decepción después de que sus Cleveland Cavaliers perdieran el campeonato de la NBA ante los Golden State Warriors. Toda la riqueza y los elogios del mundo eran nada en ese momento para él.
Abd al-Rahman III, el emir y califa de Córdoba en la España del siglo X, resumió una vida de éxito mundano a los 70 años: “He reinado más de 50 años en victoria o en paz; he sido amado por mis súbditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placer, han esperado mi llamada. He contado diligentemente los días de felicidad pura y genuina que me han tocado en suerte”, escribió. “Son 14”.
Todo el mundo tiene sueños, y te atraen con promesas de satisfacción dulce y duradera si los lográs. Pero los sueños son mentirosos. Cuando se hacen realidad está bien… por un tiempo. Y entonces aparece un nuevo sueño.
Es tan simple y, sin embargo, su poder está profundamente codificado dentro de nosotros. La canción de los Stones realmente debería haberse titulado «No puedo mantener ninguna satisfacción”. Es casi como si nuestros cerebros estuvieran programados para evitar que disfrutemos de cualquier cosa por mucho tiempo.
De hecho, lo están. El término homeostasis fue introducido en 1926 por un fisiólogo llamado Walter B. Cannon, quien mostró en su libro “La sabiduría del cuerpo” que tenemos mecanismos incorporados para regular nuestra temperatura, así como nuestros niveles de oxígeno, agua, sal, azúcar, proteínas, grasas y calcio. Pero el concepto se aplica mucho más ampliamente que eso: para sobrevivir, todos los sistemas vivos tienden a mantener condiciones estables lo mejor que pueden.