Yo digo… Estados Desunidos de América

Por Luis Britto García

Dos lugares comunes opacan nuestra visión sobre la ex primera potencia del mundo. Uno, que su fuerza se debe a que permanecieron unidos. Dos, que debido al “melting pot”, la tendencia homogeneizadora de la democracia y de los medios, su población sería culturalmente homogénea. Vamos con el primero. Estados Unidos no resulta de la unión de pueblos, sino de una despiadada rapiña que exterminó gran parte de la población originaria; devoró una Norteamérica francesa que se extendía desde el actual Canadá hasta Nueva Orléans, robó a México más de la mitad de su territorio, compró Alaska e invadió y anexó pueblos como los de Hawai, Puerto Rico, las Filipinas, Samoa, las islas Marianas y Guam. Gracias a esta expansión, y a la ilimitada disposición de mano de obra esclava y casi esclava de inmigrantes contratados pudo Estados Unidos explotar más riquezas naturales que ningún otro país en la tierra, sobrevivir al intento de secesión y convertirse en Imperio imponiendo su hegemonía al hemisferio y a un Viejo Mundo agotado y devastado por las guerras mediante casi un millar de bases militares instaladas en territorios extranjeros.



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Vamos con el segundo lugar común: la supuesta homogeneidad cultural estadounidense. Conquistas violentas como las citadas subyugan poblaciones cuyas culturas se resisten a desaparecer por decreto. Estados Unidos es en realidad un apretado rompecabezas de culturas, subculturas y contraculturas originarias, anglosajonas, afrodescendientes, latinoamericanas, italoamericanas, musulmanas y asiáticas, entre otras. Una producción industrial que uniforma mercancías no necesariamente homogeneiza culturas.

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Veamos el resultado actual. Un conjunto de trabajos, muchos suscritos por estadounidenses, alertan sobre una probable o inminente desintegración de la ex primera potencia. El proceso no es imposible ni inédito. Imperios de extensión mayor o equiparable a la de Estados Unidos se han desmoronado a lo largo de los siglos: el romano, el español, el británico, el francés, el otomano, el ruso. Arnold Toynbee, en su memorable “Study of Story”, señala que todo imperio crea dos proletariados, uno externo y otro interno, bajo cuyo empuje termina colapsando.

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Hasta aquí la historia. Pasemos al presente. El estadounidense Jared A. Brock sostiene que “cerca de la mitad de todos los estadounidenses quieren separarse de la unión en una u otra dirección”. Que “31% piensan que una guerra civil es probable dentro de los próximos cinco años, con los demócratas pensando que es más que probable”. Que “32% de los californianos ya aprueba Calexit (salida de California de la Unión), con lo cual sería la quinta economía del mundo”.

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El estadounidense Andrew Tanner complementa estos pronósticos fijándoles fecha. En “El amargo futuro de América”, predice que “Estados Unidos está destinado a colapsar en esta década –el problema no es cuándo, sino con qué grado de violencia” –. Señala Tanner que ninguna nación puede sobrevivir cuando permite que centenares de miles perezcan en una plaga (Covid-19) que naciones menos ricas han controlado; cuando carece de sistema público universal de asistencia de salud; cuando cerca de la mitad de sus ciudadanos está a punto de caer en la pobreza; cuando 40% de su población cree que las elecciones fueron fraudulentas; cuando 30% del electorado se abstiene. Cuando más del 50% del Presupuesto Federal se destina al gasto militar.

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Para seguir con opiniones estadounidenses, consultemos a la corresponsal de guerra Janine di Giovanni, para quien “América no está tan dividida por líneas étnicas, ni hay un inmediato referendo que planteé la ruptura de la nación. Pero estamos profundamente divididos entre líneas tribales, desgarrados sobre temáticas tales como el control de armamentos, inmigración, y el tipo de país en que queremos vivir. La misma retórica nacionalista que llevó a Bosnia a una guerra sangrienta resuena en Estados Unidos. Desde 1860 no ha habido nunca tan profunda división entre vecinos”.

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Según la Encuesta de Madres con Niños Menores de 12 años, 40.1% reportaron inseguridad alimentaria doméstica desde el inicio de la pandemia. En los años 60, la manufactura reportaba 25% del PIB; ahora, apenas el 11% de éste, debido a lo cual cinco millones de puestos de trabajo han dejado el país desde la vuelta de siglo. En 2019, Estados Unidos producía 10.8 millones de vehículos, y China 25,7 millones.

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Carezco de bola mágica para predecir el futuro y de prepotencia para imponer a otros mis deseos. Sugeriría que Estados Unidos deje de interferir en los asuntos internos de otros países y se ocupe de sus propios y gravísimos problemas.