Hojas sueltas. Selfie

Luis Britto García

Aprovecho un instante sin nada que hacer para hacer nada: me tomo una selfie. Fotografía de alguien que se fotografía, espejo congelado, imagen del Yo tomada por uno para uso del mismo, concreción petrificada de Narciso.
Sucesivas y falsas estrategias de comunicación me llevan iremisiblemente a la selfie. La presencia del otro o ante el otro, que es comprometedora, fue sustituida por el teléfono, que puede ser ignorado o colgado, y éste por el correo electrónico, cuya respuesta puede ser postergada u omitida, y éste por las redes sociales, que son de todo menos sociales pues mienten que reenviar un saludo, una imagen, un chisme (casi siempre confeccionado por ausentes) es comunicarse. Con la selfie culminan los subterfugios para evitar el contacto con el otro, mediante el recurso de borrarlo. La selfie sólo admite la compañía como accesorio del autofotografiado: he allí otro que sólo existe porque junto a mi estuvo; no es un sujeto, sino un entorno del Yo. Los demás están de más.
Encuestas revelan que el pasatiempo favorito de los jóvenes es la fotografía. Seguramente ello resulta del auge del teléfono celular con cámara, el cual facilita la aberración de la época, la imagen del Yo tomada por uno mismo. Así el celular, instrumento de intrusión con los terceros, deviene maquinaria de exclusión, vehículo del no mensaje donde emisor y receptor se confunden. Caemos así en el agujero negro del sistema contemporáneo de comunicación: mientras que éste supone la existencia de un emisor y un receptor, en el mundo selfie son ambos la misma y única persona. No hay ni siquiera la comunicación de un estrato profundo con la superficie o viceversa: la selfie es toda superficie.
Con la selfie borro todos los subterfugios para no comunicar con el otro, mediante el recurso de borrarlo. En la selfie sólo admito al tercero por su relación conmigo; todo sujeto es reducido a objeto o adjetivo o apéndice del Yo. Ya la técnica nos ofrece esa fotografía de la voz llamada grabación; podría también brindarnos otra del olor, o la selfie tridimensional del clon. Pero no busco con la selfie la intensificación sino la atenuación: me reduzco a imagen inmóvil, sin espesor, sin devenir: al omitir el contacto con lo que la rodea, la selfie es el Yo desprovisto de los atributos de la existencia.