Hojas Sueltas. Bicicletas II

Por Sergio A. Rossi

En la isla indonesa de Kampung Sebula se generó a inicios de la década del 40 un poderoso sindicato obrero, en permanente alianza y conflicto con una pequeña pero ágil burguesía industrial dedicada a la fabricación y exportación de bicicletas. Su principal producto. Esta nueva clase empresaria empezó a mirar con desprecio a los dueños de la tierra, que desde la expansión del islam en el siglo XV regían la economía de Kampur Sebula, y no tardó en chocar con el régimen paternalista surgido durante la II Guerra Mundial. A principio de los años 80 la poderosa Corporación de Industria Sebulesa empezó a difundir las ideas de la Escuela de Chicago y a cuestionar la influencia de la Central Obrera Democrática. Al mismo tiempo y acorde a las ideas de libre comercio, las dos principales empresas advirtieron que podrían abastecer al mercado con modelos de bicicleta más modernos y económicos si se abastecían en el extranjero de los componentes que no fabricaban ellos mismos, en vez de seguir comprándoselos a sus competidores proveedores. Y efectivamente las dos marcas desplazaron al resto y adquirieron una mayor porción del mercado, ofreciendo mejor producto y menor precio. La industria de Taiwan, en expansión por aquel tiempo, proveyó no sólo la demanda de estas dos empresas pioneras, sino también la del resto, que tuvo que adoptar la misma estrategia para ser competitivos en el exigente mercado desregulado. En sólo cuatro años se modernizó el mercado, porque cada antigua fábrica logró ofrecer su propio modelo actualizado armado con casi todas las partes importadas. Un costo imprevisto fue la supresión de sus propios talleres de fabricación de bicipartes, pero se argumentó que el beneficio del consumidor estaba por encima de todo. Desafortunadamente uno de los importadores de Taiwan entendió que era mucho más eficiente montar una planta que integrara todos los repuestos que fluían a la isla de Kampung Sebula, para lograr un modelo único, y mejor aún si se establecía en el pequeño islote de enfrente, que tenía menos requisitos legales e impositivos. Con lo que las antiguas fábricas de partes y armadoras de bicicletas, pasaron a ser primero sólo armadoras, y luego locales de venta de bicicletas armadas en la isla vecina.
Décadas más tarde, limitada la economía de la isla a la producción agropecuaria, no hubo mercado ni para importar bicicletas, con lo que se ha revalorizado la tradicional costumbre sebulesa del siglo XVIII de la caminata diaria.