David Bueno
Hay dos maneras opuestas de transmitir conocimientos: el miedo y la curiosidad. El problema es que las personas que interpretan los cambios y novedades como amenazas y responden con miedo, no pueden percibir las oportunidades. Son poco transformadoras y proactivas; a la larga, serán personas que tendrán peor calidad de vida porque tienen menos capacidad de aprendizaje. En cambio, fomentar la curiosidad y la alegría son claves para la educación. La curiosidad se nutre de dos emociones básicas: una es la sorpresa, la capacidad de maravillarnos ante lo que no conocemos; y otra, la alegría porque nos transmite confianza, que es muy importante. Si no confiamos en nosotros mismos ni en los demás, ¿cómo vamos a dejarnos llevar por nuestra curiosidad y enfrentarnos a cosas que no conocemos.
Usar el miedo como estrategia generará personas más temerosas y menos transformadoras. En cambio, usar la curiosidad y el refuerzo positivo llevará a personas con redes neuronales que estimularán más estos aspectos mentales, cruciales para vivir con más optimismo y continuar avanzando y creciendo intelectualmente.
En educación no existen las recetas porque cada alumno es distinto y cada día, los alumnos son diferentes, su cerebro ha ido cambiando. La forma correcta de estimular es con incentivos positivos (alegría, sorpresa). Pero como hemos dicho en esta misma columna: ¡Cuidado! La sobrestimulación del alumno lleva al estrés y, si ese estrés se hace crónico, se convierte en el enemigo número uno de nuestro cerebro porque dificulta el aprendizaje y la reflexión.
El juego es la forma más instintiva de aprender y se produce una ruptura cuando el niño disocia el placer del aprendizaje. La clave está en dotar de utilidad el conocimiento que se transmite. Para resumirlo en una imagen: no se puede aprender a sumar por sumar. Será más eficaz si se enseña, por ejemplo, en el contexto de un mercado, en donde las cosas tienen un precio. Se sabe que el cerebro tiende a almacenar mejor, y a usar luego con más eficiencia, los aprendizajes transversales y contextualizados que los puntuales y específicos. El cerebro recuerda todo aquello que lo ha emocionado y olvida lo que no. El juego para los niños es la forma instintiva de aprender conocimientos. La reflexividad es una de las partes más modernas del sistema evolutivo y consume mucha energía. Por eso, cansa tanto pensar. El 30% de la energía que consumimos es para el cerebro… pero no adelgaza.










