Hojas Sueltas. Arrugas II

Por David Bueno

Las arrugas son el resultado del proceso normal de envejecimiento del tejido cutáneo y de la gesticulación repetida. Por eso, no todas las arrugas de la cara son iguales: unas se forman por los movimientos repetitivos de la musculatura facial (arrugas de expresión), y otras se generan con el paso del tiempo, al modificarse la red del tejido cutáneo. Con respecto a las arrugas de expresión, en todo momento nos expresamos realizando movimientos que provocan la contracción y relajación de las células de la dermis y los fibroblastos. Con la repetición de estos movimientos faciales, la piel va perdiendo progresivamente la capacidad de volver a su estado original. Las células ya no se relajan tanto, de manera que el tejido cutáneo queda contraído, formándose arrugas de expresión permanentes. Estas arrugas se empiezan a notar a partir de los 30 años y, con el paso del tiempo, se hacen más profundas y visibles. Las zonas donde hay más arrugas de este tipo son la frente, alrededor de los ojos («patas de gallo»), alrededor de la nariz y sobre el labio superior («código de barras»).
Por lo que respecta a las arrugas generadas por el paso del tiempo, obedecen a diversos procesos. Así, las denominadas arrugas de trama son debidas a cambios en la trama celular del estrato córneo de la piel. En una piel joven, este estrato córneo está formado por una trama de líneas que se cruzan de manera ordenada, creando formas romboidales. Con los años se pierde la regularidad de este entramado y las células se desordenan, lo que favorece la formación de arrugas. También se forman arrugas de laxitud, al perderse progresivamente la turgencia de la piel, lo que ocasiona la formación de pliegues por relajación tanto de los tejidos cutáneos como de la musculatura subyacente. Otro tipo de arrugas son las denominadas de posición, que se producen como consecuencia de la degeneración de las fibras de colágeno y elastina.
El colágeno y la elastina son unas proteínas que forman parte de la matriz extracelular, una substancia compleja cuya función es mantener unidas las células de la dermis y la epidermis. Además, el colágeno actúa como una esponja, absorbiendo agua y manteniendo la hidratación de la piel. Esta degeneración, debida en parte también a los programas genéticos responsables de su síntesis que con el paso del tiempo van perdiendo el óptimo de funcionalidad, favorece que los pliegues del tejido cutáneo no tengan capacidad de volver a su estado original.