El mes pasado, la directora ejecutiva del periódico The Washington Post, Cathy Merrill, escribió un artículo de opinión titulado: “Como directora ejecutiva, quiero que mis empleados comprendan los riesgos de no volver a trabajar en la oficina”, donde habla de las “desventajas” que tendrían los empleados si optaban por seguir trabajando desde casa. “Todos comenzamos en un lugar donde nos conocíamos, lo que hizo que el trabajo remoto fuera considerablemente más fácil y productivo. También podíamos confiar en las culturas de la oficina: prácticas establecidas, reglas tácitas y valores compartidos. Ahora, nos enfrentamos a una forma de trabajo en el que será más difícil construir confianza”, escribió. Merrill dijo que ella y otros directores ejecutivos “temen la erosión de la colaboración, la creatividad y la cultura”. Al mismo tiempo, señaló, “si bien a algunos empleados les gustaría continuar trabajando desde sus casas y acudir sólo cuando sea necesario, eso presenta a los ejecutivos una opción económica tentadora que a los empleados podría no gustarles… Si el empleado rara vez está presente la gerencia tiene un fuerte incentivo para cambiar su estado a ‘contratista’ ”. Para terminar el artículo agregó: “Recuerde algo que todo gerente sabe: las personas más difíciles de dejar ir son las que usted conoce”. Utilizó la expresión “dejar ir” para no sonar tan inicua pero todo el mundo comprendió que estaba diciendo “despedir”. Sintiendo que su CEO los estaba amenazando, los empleados del Post anunciaron en Twitter que se declararían en huelga. Poco después, Merrill se disculpó. Si bien Merrill plantea algunas preguntas que valen la pena explorar, es difícil no ver por qué su columna recibió críticas. Un año después de que la pandemia obligara a las empresas a aceptar que sus empleados trabajen de forma remota, algunos empleados dudan en regresar. Ya sea por motivos de salud y seguridad o por su preferencia por trabajar con un horario más flexible, los trabajadores tienen sus propias razones y se niegan a volver. De hecho, una encuesta reciente de Gallup encontró que al 23% de todos los trabajadores les gustaría permanecer alejados si tuvieran la opción. Pero para algunas empresas, como las periodísticas, representa un dilema: necesitamos el contacto personal para sentirnos humanos, y necesitamos sentirnos humanos para relatar las historias de las personas. Pero por mucho que algunos de nosotros queramos volver a una sala de redacción, no podemos volver a cómo eran las cosas hace un año y medio atrás.









