En una isla remota de Columbia Británica (Canadá) un oso Kermode, una subespecie del oso negro americano, había hundido la cabeza en un río en busca de huevas de salmón, y la fotógrafa sabía lo que probablemente sucedería a continuación. Cuando el animal sacó la cabeza del agua y la sacudió, una cortina de gotas brillantes cubrió el espacio a su alrededor. Si bien la mayoría de los osos Kermode son negros, un 10%, los llamados “Espíritus”, son blancos. Una adaptación hereditaria que les permite cazar con mayor éxito al salmón que no logra divisarlos con tanta facilidad como a los de pelaje oscuro.









