“Trabajamos para darle de comer a unos 1.400 chicos”

Jorge Denis durante su visita a la redacción de La Calle.

La Calle dialogó con Jorge Denis, coordinador departamental de comedores escolares, quien se refirió a las problemáticas del sector y la satisfacción de poder llevar un plato de comedia gracias al aporte de cocineras y docentes.

Por Mario Bonnot y Matías Dalmazzo
Especial para La Calle

Son veintidós establecimiento educativos en ciudad y misma cantidad en el Departamento que brindan asistencia alimentaria a los chicos en edad escolar.
A todo esto se les deben sumar los comedores barriales que se sostienen y otros que han ido apareciendo en una época donde todo se puso muy complicado, demasiado duro para muchos uruguayenses que tienen que recurrir -incluso por primera vez-, al plato de comida que les permita llenar la panza o simplemente maquillar una realidad que asoma aún más compleja hacia el futuro.
Para conocer más detalles de la realidad social, LA CALLE dialogó con el Coordinador Departamental de Comedores Escolares, Jorge Denis, quien se refirió a este importante servicio en época de pandemia y todo lo que representa en cuanto a tareas, comprensión y solidaridad que muchas veces desconocemos.

¿Hace cuánto que estás en el cargo?
“Arranqué a trabajar el 6 de marzo de 2019, con la gestión de José Lauritto. Fue un poco difícil al principio, ya que trabajaba en una oficina del Concejo Deliberante en atención al público y me faltaba conocimiento para realizar este trabajo. Gracias a la ayuda de mis compañeros de oficina, que somos cuatro, fui aprendiendo y también recibiendo algunos golpes. En el transcurso de ese proceso de aprendizaje, decretaron la Emergencia Alimentaria Nacional. Ahí se complicó todo, ya que de pronto había que dar de comer los sábados también.

¿Qué cambió entonces?
Tuvimos algunos problemas con los sindicatos, más que nada con Agmer, ya que los directivos tenían ir fuera de sus días laborales. Nosotros pertenecemos al Ministerio de Desarrollo Social de la provincia y las escuelas están bajo la órbita del Consejo de Educación; por eso siempre que esté una escuela abierta tiene que haber un responsable del Ministerio de Educación, ya sea un directivo o una ordenanza. En ese momento se complicó un poco, ya que debíamos hacer trabajar un sábado a personas que solían tener este día libre y con el agravante que no le podíamos dar una remuneración extra; era a cambio de un franco compensatorio doble por la cantidad de horas.

¿Cómo solucionaron este problema?
La verdad que los cocineros prestaron toda su voluntad y al principio estuvo complicado con los directivos del gremio, pero terminamos llegando a un acuerdo en beneficio de los que más necesitan. Todo funcionó bien desde entonces. En la ciudad tenemos dos comedores que permanecen abiertos los sábados, en las escuelas 48 y 116. Ahora se sumaron los problemas de la pandemia, que son cosas que te ponen a prueba y te llevan a aprender, obviamente uno también incorpora conocimientos a través de los errores. Me gusta mucho consultar y aceptar críticas constructivas.

¿Cuáles suelen ser las principales críticas en esta función?
La atención, hay que estar cuando te necesitan básicamente, tanto los directivos como las cocineras. Desde acá coordinamos el Departamento Uruguay; el límite es Las Moscas, San Cipriano y Colonia Elía. Hoy tenemos 22 escuelas en Concepción del Uruguay brindando el servicio de viandas y otras 22 escuelas en el departamento. Muchas veces se critica la atención, los reclamos y las gestiones de todo lo necesario. Los utensilios de cocina, garrafas y este tipo de elementos, que son responsabilidad nuestra.

¿Cuántas personas trabajan para organizar estos 44 establecimientos?
Somos cuatro administrativos. Pero trabajamos bien y hasta el momento no estamos saturados. Cuando empecé, me pidieron presencia en el Departamento y en el corto tiempo que estuve logré recorrer todas las localidades, sólo me faltó Herrera. Estaba dentro de los planes, pero la pandemia alteró todo. Me gusta resaltar que no manejamos plata, ni alimentos. Cada institución tiene un titular de la tarjeta Sidecreer, donde se depositan los fondos, dependiendo de la cantidad de chicos.

¿Cuánto están destinando por chico?
Antes de la pandemia estaban pagando 23 pesos con 30 centavos por chico, después se incrementó a 30 pesos. Si vamos a la realidad, nadie puede comer por esa plata; pero en la cantidad se hace posible. También está el ingenio de quienes llevan adelante la cocina y en la planificación de las compras. Hay muchos proveedores, donde se evalúan los precios y la calidad. Hay directivos muy comprometidos con esta actividad tan importante, pero otros no tanto; ya que te remarcan que no concursaron para hacerse cargo de un comedor y que son maestros. Esto lleva a que compren a un solo proveedor que les lleva todo. Son productos de buena calidad, pero a un precio caro y muchas veces no alcanza para alimentar a la cantidad de chicos que asisten al lugar. Al mismo tiempo, hay directoras con tanto compromiso que van al mayorista a comprar ellas mismas, ponen sus vehículos y son acompañados por personal de cocina. Ahí hacen la diferencia y brindan cantidad, calidad y variedad de comida.

¿Qué otras herramientas tenés para mejorar el servicio?
Se formó una Mesa de Comedores; de la cual forman parte todos los concejales, secretarios, el viceintendente y la coordinadora de comedores comunitarios-municipales; dentro de los cuales algunos tienen aportes provinciales para la copa de leche o preparar viandas en geriátricos. Gracias a este espacio que se generó con representantes del municipio, me permitió tener mayor contacto con los habitantes de todos los barrios de la ciudad y así conocer más de cerca la realidad que atraviesan.

¿Cómo es la alimentación?
La verdad que en su gran mayoría están comiendo guiso o fideos con salsa. Al principio había más donaciones y se podían servir milanesas con arroz o hamburguesas. Luego, la necesidad en los barrios se fue incrementando y la variedad de comida fue disminuyendo. Es verdad que hoy se sirve mayoritariamente guiso, pese a que los comedores y el municipio hacen un gran esfuerzo para brindar diferentes platos. Pese a esto, la gente es muy agradecida al recibir una porción de comida.

¿Cómo articulan el trabajo?
Estamos organizados para que, donde sea necesario, pueda haber un plato de comida de lunes a sábado o en algunos casos toda la semana; al menos una vez. Por ejemplo, en La Concepción funcionan cuatro comedores, que se dividen y tratan de hacer dos almuerzos y dos cenas por separados. Junto al municipio, tenemos la tarea de darle de comer a 3.075 familias en 32 comedores barriales. Después hay que sumarle las escuelas, donde básicamente se alimenta a los chicos de primaria; pero hay tanta necesidad que en algunos establecimientos educativos incluimos a los chicos de la secundaria. Sólo en Concepción del Uruguay, trabajamos para darle de comer a unos 1400 chicos; mientras que en el resto del departamento son casi 800, aunque ese número varía un poco; si los números nos dan y sabemos que un chico tiene un hermano que no va a la escuela, tratamos de que también tengan su plato de comida.

Desde tu asunción a la fecha ¿En qué momento evidenciaste el aumento de personas asistiendo a comedores?
Pasa que no están trabajando todas las escuelas, entonces reubicamos al personal en otros comedores escolares. Debido a esto, muchos chicos de estas escuelas que no están abiertas, no se acercan a los comedores. Pese a esto, le estamos dando de comer a muchos chicos de secundaria en las escuelas 38, 88, 109 y 18. Hay directivos que tienen mucho compromiso con la gente; la escuela 117 no tiene comedor, pero enseguida nos pusimos en contacto con otras autoridades y buscamos ubicar a los chicos para que puedan comer en otras escuelas. Muchas directoras han aceptado la responsabilidad de recibir en sus comedores a chicos que no pertenecen a su institución. Igualmente los padres son los que tienen que ir a retirar la vianda a los colegios, no los menores de edad. El sentido humanitario se está notando bastante. Hay situaciones familiares que muchas veces repercuten en los comedores o las escuelas.

¿Cómo trabajan con esas problemáticas?
A los comedores asisten muchas madres que han sufrido situaciones de violencia de género, entonces hemos tenido que estar en situaciones como estas. También llegan chicos que no tienen ni vestimenta, pero tratamos de buscar soluciones en conjunto con la Secretaría de Desarrollo Social. Se armaron grupos en los barrios, que están en contacto con otros comedores para asistirse entre todos y tratar de ayudar a la gente en lo que necesiten. Me toca estar mucho en los barrios, donde la gente necesita de verdad. Quiero resaltar la honestidad del que necesita. En todos lados hay de todo, pero en su gran mayoría cumplen, no podemos cocinar y que sobre; si se anotan pedimos que
pasen a buscar la comida, ya saben que no sobra la plata. En los barrios noté que cuando se cobra el IFE o la Asignación universal por Hijo, baja mucho la asistencia a la mitad por algunos días. En este sentido es que valoro la honestidad de la gente; que seguro tienen otras tantas necesidades y esa plata la podrían invertir en diferentes cuestiones, pero seguramente a la gente le debe gustar (como a nosotros) comer en su casa y rodeado de la familia.

Suponemos que hay caras de chicos o padres en los comedores escolares y barriales que llegan por primera vez…
Sí, lo he visto con remiseros o trabajadores de la construcción. Por supuesto que les da vergüenza, pero no es nada malo. Me gusta pasar por los comedores y atender a la gente, para ver si se sienten realmente bien atendidos y si tienen alguna inquietud. Trato de agradecerles por venir al comedor y de pedirles que no dejen de asistir, busco que se sientan cómodos; es verdad que a muchas personas les da vergüenza ir a buscar un plato de comida, cuando antes podían pagarla. También noto que cada vez que voy a un comedor, va creciendo la cantidad de asistentes.

Muchas veces hay cuestionamientos gremiales hacia cómo se trabaja en los comedores en contexto de pandemia.
Es que todos nos preocupamos por la salud de nosotros, de nuestros hijos, de nuestros viejos cuando llegamos a casa. Entonces siempre tenemos esa inquietud y no me lo tomo a mal. Por supuesto que faltan cosas y es parte de los derechos que tiene el trabajador. Nosotros la verdad que tuvimos acceso y le brindamos a las cocineras fueron barbijos. Desde el CGE se les depositó por única vez una partida para la compra de insumos como lavandina, guantes, alcohol. Yo creo que eso estaba cubierto, que los directivos lo dedicaron a eso, pero por supuesto que no alcanza, nunca alcanza. Tenemos muchas críticas de ese estilo pero a las cocineras se les ha reconocido desde el Ministerio de Desarrollo Social. Se merecen porque ellos están: los cocineros, los directivos que hasta asisten a la gente, pasan lista, entregan tuppers porque la gente tiene que estar a distancia.

¿Cómo evaluas el tejido social? ¿Esto tiene un futuro de reacomodo?
La verdad que yo la esperanza no la pierdo, pero la verdad que se viene compleja la situación, más que nada si estamos informados sobre la deuda que tenemos.

Se viene un verano dentro de las escuelas brindando asistencia…
Con respecto a las vacaciones, esto es algo que no para. Lo que noté es que antes de la pandemia los chicos se anotaban en las vacaciones de julio y de verano: cincuenta en una escuela por ejemplo. Iban los primeros dos días y terminaban treinta, veinticinco. Siempre pasaba lo mismo, era eterno eso. Hoy sí van todos. Los que se anotan van. Esa fue la diferencia en estas vacaciones y parece lo que se viene.

¿Cómo se viene comportando el empresariado local durante la pandemia?
Nosotros más que del empresariado recibimos donaciones de las instituciones. Tenemos proveedores que hace años que están pero siguen trabajando igual que siempre. En el principio de la pandemia hubo demora en los pagos pero nos aguantaron y siguieron proveyendo. No podían cobrar, se les demoraba el pago pero nos acompañaron. De mi parte lo que hago es buscar otra alternativa, una solución para que tengan más opciones baratas.

¿Y el vecino en general?
En época que la gente tenía que hacer cuarentena en la casa nos organizamos con Desarrollo Social para distribuir las viandas en los domicilios. Un grupo de voluntariado. A veces los propios docentes que les llevan la comida, la tarea y a veces he visto que les llevan ropita.

¿Se reciben donaciones?
Las donaciones preferimos que vayan a los comedores de los barrios. Por supuesto que algunas escuelas reciben donaciones y las cosas van para los chicos. En la Escuela 114 por ejemplo reciben donaciones de pan y entonces les dan otras cositas. La directora les da la comida y a veces algo extra, un postre especial.

¿Algo final para decir?
Sí, un agradecimiento especial a los compañeros de la Coordinación y a las cocineras por la predisposición que siempre han demostrado”, concluyó señalando Jorge Denis, el Coordinador Departamental de Comedores Escolares .0