La fe y la esperanza todo lo pueden

Hay jóvenes que desaparecen, pasan los años, nos las encuentran, y con el tiempo hasta parecen perderse en la nebulosa de la memoria. Sin embargo hay un ser que jamás las olvida: la madre. Quien dio a luz a una criatura, nunca podrá olvidarla porque es parte de su propio ser. En nuestra provincia tenemos un caso emblemático: el de Fernanda Aguirre la joven de San Benito, departamento Paraná, que desapareció en el año 2004 y contra todos los que se rendían y la dieron por perdida, su madre María Inés Cabrol, la buscó a lo largo y a lo ancho del país e incluso en el exterior. En esa desesperada carrera contra el tiempo, su vida se apagó de golpe. Tal vez porque comprendió que la única forma de reunirse con ella era yendo a su encuentro en el lugar en el que buscan consuelo y justicia las víctimas de crímenes aberrantes y sin castigo. Pero hubo una madre que en estos días vio coronados sus esfuerzos de encontrar a su hija que desapareció hace cinco años en Chubut. La jovencita tiene ahora 17 años y estaba viviendo con una comunidad Gitana en San Juan, aunque quienes la tenían con ellos son oriundos de Rawson. La joven también perteneciente a la comunidad gitana, actualmente de 17 años fue vista por última vez por su familia cuando tenía 12; también vivió en nuestra provincia. Durante todos estos años, hubo quién no dejó de pensar en ella ni de buscarla: su madre. Sin perder nunca las esperanzas, agotadas otras instancias, esta mujer recurrió a las redes sociales y finalmente supo que su hija que desapareció de su lado siendo una niña, era una madre adolescente con dos hijos, uno de 2 años y otros de 8 meses. Sin perder tiempo la mujer llegó a San Juan y para poder localizar a su hija pidió ayuda a los efectivos de la Comisaría 28 que inmediatamente intervinieron y llegaron hasta el domicilio donde estaba la chica. La adolescente de apellido Guevara y sus dos hijos, quedaron a disposición del Juzgado de Menores a cargo del doctor Jorge Toro y la Asesora de Menores Patricia Sirera. Además el ministerio de Desarrollo Humano, a través de la Dirección de Niñez y Adolescencia, intervino para prestar asistencia a la chica y sus hijos en un hogar adecuado. Por cierto, se investiga si la menor estuvo retenida ahí en contra de su voluntad o por decisión propia, pero lo que hay que rescatar aquí es que una niña estuvo perdida de su familia largos años y gracias al tesón de su madre, a su esperanza inquebrantable, pudo ser encontrada. Ojalá hubieran tenido la misma suerte la infortunada María Inés Cabrol.

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