Hojas Sueltas. Supersticiones

Ballpoint pen attached to blank loose-leaf paper placed on wooden table

Por: David Bueno

Muchos hoteles carecen del piso número 13, y en los otros pisos resulta imposible hallar la habitación número 13. En la mayor parte de los aviones la numeración de las hileras de asientos salta de la 12 a la 14. Lo mismo que en las habitaciones de los hospitales. Esto se debe, claro está, a la superstición. Como el martes 13, que para los latinos es día de mala suerte.
Diversos trabajos realizados desde la psicología indican que tenemos tendencia a vincular de forma irreflexiva sucesos concurrentes. Aunque no exista ninguna relación de causa y efecto entre ellos más allá de la simple casualidad. Y este comportamiento se ha visto favorecido por la selección natural.
Un ejemplo de esto sería la noción de que los amuletos promueven la buena suerte o protegen de la mala suerte. Sólo con que en un par de ocasiones que llevamos un objeto determinado encima se hayan cumplido nuestras expectativas ante un determinado asunto será suficiente para que el cerebro, de forma preconsciente, lo vincule al amuleto. Y, a partir de la coincidencia, se gesta una superstición.
Esta es, de hecho, una de las funciones básicas del cerebro: establecer relaciones entre sucesos que nos permitan anticipar el futuro, sin tener en cuenta si es un efecto de causalidad o una simple casualidad.
Por otro lado, desde la psicología se ha comprobado que participar en comportamientos supersticiosos proporciona una sensación de control, promueve una actitud mental positiva y reduce la ansiedad. Eso explica por qué los niveles de superstición aumentan en momentos históricos o sociales de estrés y angustia, en tiempos de crisis económicas, o de guerras y conflictos.
A nivel cerebral, sabemos que la adquisición de creencias supersticiosas se relaciona con la cantidad de dopamina y la eficiencia de su función. Este neurotransmisor se encarga de reforzarnos positivamente ante cualquier esfuerzo que debamos hacer.
Además, es el mensajero de la motivación y el optimismo. Cuanta más dopamina fluya en nuestro cerebro, más propensos seremos a percibir patrones de correlación donde otros no ven ninguno. Esto favorece la anticipación, pero al mismo tiempo puede promocionar las supersticiones si uno no está atento a ellas.
Ante este martes 13, por lo tanto, usemos la dopamina para ser optimistas y estar motivados ante nuestro futuro, pero sin caer en supersticiones.