Por: David Bueno.
La hipótesis de Parque Jurásico parece cada vez más cerca de hacerse realidad gracias a los enormes progresos técnicos de los últimos años y el descubrimiento de restos conservados en unas condiciones extraordinarias. El mamut, el oso cavernario y hasta el neandertal, tres especies extintas hace milenios, han tomado la delantera con la reciente secuenciación de grandes porciones de su genoma, pero el camino es aún largo y está lleno de dificultades: no es lo mismo fabricar una simple bacteria sintética, como ha hecho Craig Venter, uno de los padres del Proyecto Genoma, que lograr lo mismo con unos animales constituidos por miles de genes. Aunque no haya impedimentos teóricos, sí los hay tecnológicos. El optimismo de la comunidad científica se debe especialmente a los progresos en las técnicas de secuenciación, que permiten identificar la secuencia de moléculas que componen una cadena de ADN. Hace dos décadas se necesitaban cuatro años para secuenciar un gen, hoy es suficiente un año para todo un genoma de 20.000 genes. Sin embargo, no faltan las imperfecciones. Primero, en todos los genomas hay regiones difíciles de las que no se consigue producir un mapa fiable; luego, esos mapas deben convertirse en moléculas reales –y no es lo mismo un neandertal que una bacteria–. Finalmente, aun sabiendo fabricar un genoma de grandes dimensiones, el problema más difícil sería introducirlo en una célula (obtenida de un animal afín al que se quiere resucitar). Se sabe insertar un núcleo en una célula, pero nadie ha sido capaz de vaciar el núcleo e inyectar ADN en su interior. Si se superaran estas dificultades se obtendría una célula artificial parecida a las que se utilizan en las clonaciones. Ahora, por lo tanto, llegaría el turno de las dificultades típicas de estos procesos: para que la célula se convierta en un embrión tiene que darse una específica secuencia de activación de genes. Esta es la principal razón por la que solo una o dos de cada 100 células clonadas emprenden por casualidad el camino correcto y dan lugar a un embrión viable. Para concluir, habría que implantar el embrión a una hembra de una especie parecida a la extinta. Para el mamut podría tomarse el elefante, pero en el caso del neandertal surgiría un obvio problema ético, ya que la especie candidata sería la nuestra.









