Estamos prisioneros

Para los que creen que algo cambió. Recordemos. Lo que fuimos en el 2015 y lo que somos hoy. Estamos prisioneros, carcelero; yo de estos torpes barrotes, tu del miedo.

Dos versos de un poema de Armando Tejada Gómez. Lo recitaba con una voz incomparable. Hasta la cadencia mendocina ayudaba. La versión cantada, de Horacio Guarany, completaba el sentido de aquella propuesta contra la cárcel de alguna dictadura con carceleros cipayos. Hubo tantas. Podría referirse a 1956 cuando, después de setiembre de 1955 comenzaron 18 años malos para el peronismo, la fuerza verdaderamente popular en Argentina.
Pero el valor entendido era la lucha contra las dictaduras latinoamericanas desde el ’60 y hasta hoy. No hubo en aquella Guerra Fría, la de EE.UU versus URSS, mejores militantes (teóricos) de la libertad que los del Partido Comunista. Hubo iguales, pero es de ellos la más hermosa contradicción que, a la distancia, los ilumina, los beatifica. Peleaban con denuedo, poéticamente podría decirse, por una libertad que no podían ofertar, mostrar, ejemplificar con la fotografía más simple de los sitios donde estaban sus héroes.
Cristina Fernández de Kirchner y sus ejecutores son parte de aquel comunismo de opereta. Viva la libertad, pero no me pidan que se las dé, que les otorgue el libre albedrío, el aire libre.
A no reírse de la tontería que sigue: a su modo Cristina es comunista. Para completar el concepto. Con la caída del Muro aquellos comunistas se rindieron y son, hoy, mas capitalistas que antes. Los yanquis, por su parte, terminaron comiendo su medicina y China, que resultó ser la tésis, conjuga capitalismo universal con bolsones de Edad Media.
Importa tres belines la democracia y el qué dirán. Hay 1.800 millones de chinitos que respaldan las decisiones del neo politburó. Las ventas a China. Es todo. Nosotros comerciamos con esa gran dictadura, o la minidictadura feroz, la de Angola, y nos horrorizamos cuando Paraguay voltea al obispo del amor filial y le quitamos el carné de socio. Lo cambiamos por el Comandante Chávez. Peor, por Maduro y el pajarito. En el juego de las contradicciones Cristina es Fernández, pero de Kirchner. Vivió de Menem y Duhalde. Luego se los fumó. Hoy quieren que vaya presa, ojalá que no. El martirio glorifica.
En Argentina estamos prisioneros. Enumerar es, en estos casos, denunciar. No hay, no se encuentra fácilmente tinta para las impresoras. No sobra el papel especial para el formulario contínuo. No hay discos rígidos externos, repuestos de ascensores importados, lentes de ópticas, pastillas de freno originales. Vamos, que no damos abasto para fabricar moneda, una moneda que no compra nada porque todo está más caro día a día pero que, básicamente, no compra insumos básicos porque no están. Faltan. No hay gomas para autos grandes, neumáticos. No hay ruedas para tractores y máquinas agrícolas, son carísimas. No hay.
Comprar un auto importado es padecer el desabastecimiento; la entrega está demorada, los repuestos nunca vendrán ¿a quien se le ocurre, en un país comunista, un auto capitalista? Lo tienen merecido dicen, en sordina, los revolucionarios K. Los que necesitan insumos importados son destituyentes.
No hay guantes de látex, hilo de sutura, drogas oncológicas y/o para celíacos, epilépticos, sidóticos. No hay en stock. Estamos al día. Mañana no se sabe. Un ministro santafesino de Salud, Miguel Capiello, declaraba públicamente que traía anticonvulsivantes del Uruguay para consumo familiar.
No hay vidrios grandes, blindados, no hay perfumes, zapatillas, no hay autorización para traer micrófonos y aparatos electrónicos al país. Hasta un héroe mediático, como Pergolini, debió insultar para que permitiesen la entrada de componentes necesarios para el armado de una radioemisora. Chantaje público contra el bloqueo. No hay carreteles de cable para conexiones técnicas, se emparchan los retazos. No hay esencias para fabricar perfumes nacionales y cada día es más difícil el perfume importado ¿ a quien se le ocurre oler a Dior y/o Carolina Herrera?.
Guillermo Cabrera Infante se enojó con Fidel Castro porque no entraba mucha penicilina por el bloqueo y su mamá murió. Culpó a la Revolución Cubana de la falta de un insumo crítico ante las infecciones bacterianas. Los faltantes que fabrica la Aduana deberíamos imputárselos a Cristina. ¿Cristina es Fidel, acaso es Chávez, o Maduro?. ¿A quien votamos?
Mauricio es la libertad o solo la contracara de lo que nos sucedía y en buena medida nos sucede con los insumos. No lo sabemos, la historia acomoda a la gente en su lugar, pero aún esa historia es posible de ser revisada. El ejemplo superlativo es Cámpora y los años´70. Queremos ser revolucionarios pero como los jerarcas rusos, polacos, cubanos, venezolanos, terminamos comprando clubes de fútbol en Inglaterra. Aquí hoteles, terminales, slots. Los revolucionarios compran capitalismo perdurable. Cámpora era un infeliz alcagüete, con un hijo problemático. Punto.
La esclavitud telefónica es desesperante. Los usuarios no logramos hablar, para quejarnos, con una persona. Cualquiera de los teléfonos mágicos nos remite a una máquina que nos codifica para ignorarnos. Todas las leyes están a su favor. Telefónica, Telecom, el señor Slim, todos son fantasmas. Las defensorías que deberían defendernos, para defenderse dicen no podemos hacer nada. Ja. Hay 60 millones de telefonitos para 40 millones de personas y un formidable negocio que manejan máquinas enemigas del pueblo al que los gobiernos populares no defienden porque, vamos, populares no son. Las defensorías son su más importante seudopodio. Catch 22 es la pasta base. El artículo del sistema de enrolamiento de los Estados Unidos decía que no hará el servicio militar quien sea declarado loco, excepto que sea el interesado quien pida ser considerado como tal, en cuyo caso hará el servicio militar. Variante yanqui de la buena pipa. Nadie defiende al consumidor en Argentina. Nadie. Ahora llegó Mauricio. Listo. Llamen a los bomberos. No, a los bomberos no. A un cura párroco. No, menos.
El señor Antonio Gassalla logró, denunciando su angustia ante 5 millones de personas, que le arreglasen un problema con su servicio de televisión por cable. La televisión por cable será destripada por el gobierno central por cuestiones políticas. Su esencia: buena señal y sin interrupciones de tanda, hace tiempo que desapareció. Hay zonas donde el reclamo por problemas en el servicio se resuelve con días de atraso. La letra chica los ampara. La letra chica nos mantiene prisioneros. Somos descarte de una facturación en la que todos quieren meter la mano. Buena plata y esclavos. Los usuarios del abono que sea remplazamos a los africanos que venían en la bodega de los barcos esclavistas. Somos iguales. Eso somos. Tenemos distinto ritmo en Nueva Orleans, en el Caribe, en San Salvador de Bahía, Montevideo o Santiago del Estero, pero la canción es la misma. El ritmo. Esclavitud. Prisioneros. Melodía europea y ritmo de negros. Abono base en Madrid: 7 euros. Compare como quiera.
Cada día aparece una queja sobre algún servicio de medicina pre paga, que sigue cubriendo a los sanos y dejando a la intemperie a los enfermos. Cualquiera sabe que la gordura es una enfermedad y la gordura mórbida es eso. La muerte. Vaya usted a llevar a un gordo a una operación cubierta por la medicina privada. Lo mismo el sida, las enfermedades mentales, las capacidades diferentes.
El poema al que referimos al comienzo tiene su mensaje esperanzador: Le regalé una paloma al hijo del carcelero, cuentan que le dejó ir tan sólo por verle el vuelo Que hermoso va a ser el mundo del hijo del carcelero. Hum. Eso dice el poema. A juzgar por el comportamiento público de algunos hijos de funcionarios el asunto no será tan poético ni libertario. No señor. No regalemos optimismo. Vivimos en Argentina. El que se descuida pierde. Somos descuidados. Todos.

Por Raúl Acosta

Compartir