El número de desempleados en Brasil llegó al récord de 12,1 millones

El desempleo saltó un 33,1% en comparación con el mismo período del año pasado, cuando 9,1 millones estaban sin trabajo, y siguió su tendencia en alza desde el último trimestre analizado (junio-agosto).

Según reveló ayer el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), el número de desempleados en Brasil llegó al récord de 12,1 millones en el trimestre entre septiembre y noviembre, cifra que representa el 11,9% de la población económicamente activa.

De esta manera, el IBGE confirmó que el desempleo saltó un 33,1% en comparación con el mismo período del año pasado, cuando 9,1 millones estaban sin trabajo, y siguió su tendencia en alza desde el último trimestre analizado (junio-agosto), cuando se situaba en 11,8% y afectaba a poco menos de 12 millones de personas. En estos últimos tres meses se sumaron 109.000 personas a las filas de quienes buscan trabajo.

Se trata de la mayor cifra de desempleados que sufre Brasil desde 2002, en el final del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, cuando la tasa de desempleo alcanzó el 12,3%; sin embargo, entonces, debido a que la población era menor, la cifra equivalía a 11,5 millones de personas económicamente activas.

Hoy, el gigante sudamericano atraviesa su peor crisis en casi un siglo, con una recesión que ya lleva dos años. En 2015 el PBI cayó un 3,8%, y se cree que este año cerrará con una contracción de cerca del 3,5%. Las perspectivas para 2017 no son tan buenas como esperaba Temer -del Partido del Movimiento Democrático Brasileño- al asumir el comando del Palacio del Planalto tras el polémico proceso de impeachment a Dilma -del Partido de los Trabajadores-. Las proyecciones actuales, en el mejor de los casos, son de un mediocre crecimiento de entre 0,5% y 0,7%. Mientras tanto, el desempleo seguiría trepando.

“El tema del desempleo es un asunto angustiante y no quiero eludirlo. Será un tema que comenzará a consolidarse a partir del segundo semestre del año que viene y muy probablemente empiece a caer en función de las medidas que estamos tomando”, señaló Temer durante un encuentro con la prensa que cubre el Palacio del Planalto para saludarla por el fin de año.

El presidente hizo un repaso de las tres grandes reformas que impulsa su administración para la recuperación: el congelamiento del gasto público por 20 años y ajustable sólo a la inflación del año anterior (ya aprobado por el Congreso), la alteración del sistema de jubilaciones (ya en discusión en el Congreso) y la flexibilización de la legislación laboral (propuesta ya presentada en público la semana pasada y que empezará su trámite parlamentario a partir de febrero).

“No vamos a parar. Este gobierno ha de ser un gobierno de reformas”, afirmó Temer, que en una solicitada en los grandes diarios recordó que, cuando hace 120 días tomó efectivamente la presidencia, “la situación económica y social de Brasil era gravísima”, en referencia a la llamada “herencia maldita” de Dilma, luego de casi 13 años de gobiernos petistas.

El presidente no descartó tampoco que, gracias al apoyo en el Congreso, pueda también encarar una reforma impositiva. “El Ejecutivo va a empeñarse en la reforma tributaria y, quién sabe, en una simplificación tributaria nacional”, indicó.

Más allá de los grandes desafíos para revitalizar la debilitada economía brasileña, el mayor obstáculo que tiene Temer por delante es político-judicial, ya que su nombre ha sido mencionado varias veces en filtraciones del acuerdo de delación premiada al que llegaron ejecutivos de la compañía Odebrecht con la justicia a cambio de reducciones en sus condenas de cárcel. Según los tramos que salieron a la luz, los empresarios acusaron a Temer de haber recibido sobornos de la firma en el marco del escándalo de corrupción en Petrobras. Además, el Tribunal Superior Electoral lleva adelante una investigación sobre presunto financiamiento ilegal de la campaña de 2014 por la reelección de la fórmula Dilma-Temer, que podría significarle una anulación de su mandato “heredado”.

No obstante estos nubarrones en el horizonte, Temer prefirió ser optimista ayer. “2017 será el año en que, si Dios quiere, vamos a vencer la crisis”, dijo esperanzado.

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